El Papa Francisco ya está en Bangkok, donde ha aterrizado este jueves para dar comienzo a su séptimo viaje este año. Es también el más largo y el más esperado, porque después de una visita de tres días en Tailandia para apoyar a la minoría católica del país y fomentar el diálogo interreligioso cumplirá al fin su sueño de volver a Japón, un país que, como buen jesuita, le despierta una especial fascinación.

El programa fuerte de este viaje de siete días comenzará el fin de semana, cuando Francisco aterrizará en Tokio, donde Francisco será recibido por el nuevo emperador, Naruhito. Luego irá a Nagasaki, y en el epicentro donde cayó la bomba atómica del 9 de agosto de 1945 durante la Segunda Guerra Mundial se encontrará con la mujer y los hijos del fotógrafo Joseph Roger O’Donnell, autor de la icónica instantánea de después del bombardeo en que un niño de pocos años esperaba con su hermano muerto para llevarlo al crematorio. El Papa ha dicho que esta imagen le conmovió profundamente.

En Nagasaki e Hiroshima, que visitará el domingo, se espera que el Pontífice lance un fuerte mensaje por la paz y el desarme nuclear. Allí Francisco llamará a los cinco países que tienen los mayores arsenales –EE.UU., Francia, Reino Unido, China y Rusia– y a los cuatro con arsenales menores –Israel, India, Corea del Norte y Pakistán– a abolir las armas nucleares, en un discurso que se espera que tenga una resonancia mundial. El Papa estará acompañado de 20 supervivientes víctimas del ataque nuclear que le contarán su testimonio.

Bergoglio ha contado en varias entrevistas que Japón le despierta una atracción especial por la historia del cristianismo en este país, que permaneció vivo pese a las persecuciones que sufrió en los siglos XVI y XVII. Cuando los misioneros volvieron dos siglos después descubrieron a los llamados Kakure Kirishitan, los cristianos que habían escondido su fe durante todos estos años. Francisco rezará en el santuario de los 26 mártires de Japón, que fueron forzados a caminar sobre la nieve hasta Nagasaki y les ataron a 26 cruces con cadenas para ser lanceados hasta morir ante una población que debía aprender de este escarmiento. Allí el Papa recordará estos dos siglos y medio de persecución.

Fuente: La Vanguardia

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